Después de una relación a distancia de tres años decidimos que debemos casarnos y vivir, mínimo, en un mismo país. Ya ha pasado el matrimonio y tenemos tickets diferentes para ir de vuelta a nuestro país de encuentro, “El” llega primero y yo 2 semanas mas tarde.
Estoy ansiosa en el vuelo, incluso llego a imaginar que podría haber una falla en el motor y provocar un accidente; respiro profundo y pienso que soy tan trágica como romántica. Al fin aterrizamos y salgo del avión.
Tomo una planilla de registro de entrada, debo escribir mi estado civil (esta pregunta nunca ha sido tan poco obvia) y selecciono “Married”. Camino hacia inmigración y ahí me piden la planilla y mi pasaporte:
• Buenas tardes, estará acá de vacaciones?
• No, esta es mi carta de invitación con los detalles.
• Ella lee y me pregunta) Eres casada con un residente?
• Sí, estos son sus documentos.
• Revisa papeles) Me das un número de teléfono.
• Claro, este el teléfono de "El" ……… mi esposo.
• Ok… (Revisa y sella papeles) adelante. Siguiente!..
Busco mi equipaje y salgo, “El” no ha llegado aun. Este país tiene solo 1 millón 300 mil habitantes, no he venido en unos 2 años y sin embargo veo a alguien conocido, nos saludamos, hacemos las preguntas básicas, y por alguna razón me pregunta “ Te casaste?”. Entro en pánico: Será que tengo cara de casada?, hasta cuando me lo preguntan? Pronuncio un “No” muy breve y seguimos hablando.
Al fin ha llegado “El”!. Nos saludamos, estamos felices.
• Vi a este chico que es transportista, recuerdas?
• Oh claro. Qué te dijo?
• Me preguntó si me case.
• Qué te dijo cuando dijiste Sí?
• La cuestión es que le he dicho que No, que venía a verte.
• Pero, por qué?
• No sé, pensé que era algo muy personal.
• Y qué le diras si lo ves de nuevo?
• Que se yo!, le contare supongo.
Reflexión: Decir que estas casada no es tarea fácil, sobre todo para alguien que hace pocos años pensaba que el matrimonio era el fin de la existencia.